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lunes, 9 de septiembre de 2013

~Por un 9 infinito.

Una vez más quiero recordarte todo lo que eres para mí. Aunque te lo recuerde todos los meses no hay palabras suficientes para expresarlo, nunca las habrá. Si pudiera hacer ahora mismo una cosa, sería decirte al oído que te amo. Que eres lo único que quiero y lo mejor que me ha podido pasar y lo mejor que me pasara nunca. No hay día en el que no piense esto, que no piense que gracias a ti en estos ocho meses haya sonreído como lo he hecho, que gracias a ti después de llorar me hayas sacado esa sonrisa tonta que lo dice todo.Que gracias a ti todo es más fácil y no hay cosa que necesite más que a ti, mi príncipe. Que te amaré siempre pase lo que pase, en lo bueno y más aun en lo malo. Si no fuera por ti créeme que no se qué sería de mi ahora, simplemente porque le das sentido a todo eso que no lo tiene y seguirás dándole sentido a todo por el resto de nuestras vidas.

 Estoy enamorada de ti, no sabes cuánto. Le sonrío a la pantalla como una tonta aunque estemos enfadados o sin estarlo, no sé como lo haces pero siempre estás ahí, haciendo que cada día me de cuenta de que eres el  hombre de mi vida y que no quiero a nadie que no seas tú. Te puedo asegurar que todo gira en torno a ti.
Tienes esa cosa que hace sacarme de quicio cada dos por tres, otra que hace volverme cada día más loca y mil cosas más pero que me encantan. Todo tú me encanta. No sabes las ganas que tengo de ti, solo de poder darte un puto beso y un abrazo que ahora mismo me encantarían dártelo. Te necesito y eso es así, y cada día te voy a necesitar más. Yo no creía que podía ser tan feliz con una persona pero llegaste tú y me demostraste que sí. Para mi ese 9 no es solo un número, es mi vida entera. Que sepas que nunca te voy a dejar así que todo depende de ti, que no quiero estar con nadie que no seas tú ni quiero otras besos que no sean los tuyos. 
Gracias por todo lo que me haces sentir en cada palabra todos los días, por aguantarme y por estar ahí siempre. Gracias definitivamente por quererme como lo haces y por querer compartirlo todo conmigo. Te amo muchísimo mi amor muchísimo muchísimo muchísimo muchísimo muchísimo como nunca a nadie (L).


martes, 19 de febrero de 2013

Es algo mas.

No es una caricia, es un “estoy aqui, contigo, protegiendote, y nunca me ire”.


miércoles, 19 de diciembre de 2012

Intentare aguantar la mirada.

Te miro, me miras, retiro la mida, pero tu me sigues mirando, entonces llega a la mente esta pregunta: -¿por qué retiras la mirada Naza, si de verdad te gusta?-, vale, le miro, si, ahora le miro pero la mirada no tarde ni un segundo en desvanecerse, -joder, otra vez lo has hecho Naza, ¿qué haces? ¿qué estas haciendo?- y así pasan los días, cinco minutos tras cinco minutos con las mismas personas, las mismas palabras y diferentes miradas, y entonces me pregunto cuando tendré la suficiente valentía de aguantar esa mirada que me encanta, que hace que me muerda los labio sin querer, porque quizás sea eso lo que falta, valentía, atreverme a aguantarla, atreverme a estar quieta ahí mientras sucede y no irme, a atreverme a saltar cuando sé que él esta al otro lado de la orilla. Quizás solo sea eso, pero esas ganas de besarte ocurra lo que ocurra no sé por qué pero nunca desaparecen.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Para toda la vida.


Clara no se lo pensó, dejó al descubierto sus pechos. El joven, que permanecía sentado en un Renault 5 de color negro, se quedó pasmado, sin saber qué decir.

-Venga chaval, que no tengo todo el día. Si quieres me monto en el coche y te enseño a disfrutar. ¿Qué hacemos?

No sé cuantos años tendría, pero la verdad es que fue el quinto hombre que la rechazó. Aunque la noche había empezado con fuerza, pues nada más llegar a la carretera vieja, había enlazado dos clientes de quince mil, desde entonces la jornada se había quedado parada. Clara ya tenía cara de circunstancias, las cuentas no le salían: Quince mil para Javier, su chulo, diez mil para la coca y cinco para gastos varios.

-Joder, creo que esta noche no saco ni para bragas -se decía en voz alta, mientras contemplaba como su amiga Lidia se metía en un coche rojo.

Aquella fue una noche dura. El frío caló en los huesos de Clara, su chulo le dejó bien morado el ojo derecho de un guantazo cuando vio la miseria que traía y Lidia, amiga de trabajo y compañera de piso, apareció llorando, con la cara llena de sangre y sin dinero, aquel cabrón del coche rojo le había robado todo lo que llevaba encima.

Dos meses después, el Sol violó la oscuridad de la habitación y las despertó sin compasión. Clara tenía la costumbre de dormir agarrada a Lidia, una joven de piel blanca, ojos azules y cabellera rubia, una belleza asombrosa y suave.

Lidia salió de la habitación y se encerró en el cuarto de baño. Clara, permaneció sentada en la cama con la mirada perdida. Pese a que Clara era la mayor, Lidia llevaba más tiempo que en la prostitución, ya que los orígenes eran diferentes. Se conocieron una noche, hace ya casi tres años. Clara había salido a divertirse con un grupo de amigas. Todas era de familia acomodada, jóvenes que sólo piensan en pasarlo bien y que nos le importaba lo que pudiera costarle la fiesta.

Lidia trabajaba en un garito del centro de la ciudad. Allí, se escuchaba música en directo, se bebía, se fumaba la mejor hierba de la ciudad y la coca no llevaba mucha mierda. Clara y sus amigas llegaron más borrachas que serenas y lo primero que hicieron fue meterse unas rayitas y acompañar el Jack Daniel´s con fantasiosos cigarrillos de hierba. Lidia estuvo atendiéndoles toda la noche, con lo que hizo que entre ellas se abriera una franja de conveniencia y de humos. Tras la tercera ronda de copas, la rubia Lidia invitó a las jóvenes a unos tequilas, luego a Ginebra y más tarde a una discoteca en la que el volumen de la música hacía imposible una conversación. Bailaron sin desenfreno, la noche iba agitada y en uno de esos movimientos las bocas de Lidia y Clara se acariciaron.

Clara amaneció en la cama con Lidia. El apartamento era coqueto, dos habitaciones, un cuarto de baño, una cocina pequeñina y un salón. Por la mañana no hubo sorpresas, se ducharon, besaron, despidieron y por la noche, Clara apareció en el bar donde trabajaba Lidia con una maleta repleta de ropa y sueños. Desde aquel día, Lidia y Clara comparten vida, trabajo y desilusiones. Clara fue desterrada de su casa, su familia la borró de su mente y desde que se metió en la cama con Lidia la única familia que pasó a tener fue su joven amante.

El primer año fue fabuloso. Clara acabó la Licenciatura en Derecho, y entre sus ahorros y lo que ganaba Lidia vivieron. Sin embargo, las vidas se les torcieron cuando la cuenta de ahorro de Clara se desinfló y Clara tuvo que comenzar a trabajar por las noche en el pub junto a Lidia. Allí empezó a coquetear en exceso con las drogas, lo que creo muchos problemas en la pareja y llevó a Clara a acercarse demasiado a Javier, el dueño del garito y mayor camello de la zona. Luego, todo fueron problemas, favores que se debían y demasiadas deudas imposibles de pagar.

Javier se aprovechó de la situación y terminó exigiéndole a Clara el pago de algunas de las deudas con favores sexuales a sus amigos. Todo ocurría de espalda a Lidia, la cual cuando se enteró tuvo una pelea con Javier, l que terminó con los huesos de Lidia en la calle.

Así, de la noche a la mañana Clara y Lidia se vieron sin un duro y entre una cosa y otra terminaron trabajando en una casa de alterne, de donde se tuvieron que ir al poco tiempo, terminando haciendo la calle. La situación hizo que Clara fuese cada vez más dependiente de las drogas y, por lo tanto, las cosas fueron de mal en peor.

Lidia salió a toda prisa de la ducha. Sin tiempo para ponerse algo encima, el cuerpo mojado, resbaladizo, enjabonado. Se agachó, cogió a Clara por los brazos y calmándola la ayudó a sentarse en la cama, con las extremidades en alto.

Lidia estaba pasmada. No entendía qué le pasaba a Clara. Perpleja, regresó al cuarto de baño, cogió un bote de gasas, otro de compresas y volvió junto a Clara, que permanecía tumbada sobre la cama, con las manos en el vientre y tapada con la sábanas azules que vestía la cama.

Lidia hizo todo lo que le pidió Clara. No dijo ni palabra. Puso algo de agua caliente en una palangana y con una esponja le limpió las piernas. La hemorragia se había cortado, luego, una vez secados y limpios los muslos, le colocó una compresa, le puso unas bragitas blancas y la dejó descansar.

Clara estuvo durmiendo hasta las cinco de la tarde. Cuando despertó, Lidia le tenía preparada una sopa bien caliente, que sin pensárselo se la sirvió en la cama, para que su niña, como ella la llamaba, no tuviese que levantase.

Lidia la miró con ternura. Aunque no se creía lo que le había dicho, no quiso forzarla, así que pensó que mejor dejar la conversación para luego.

Clara acercó sus labios a los de Lidia y la besó. Recorrió toda su cara con sus besos, dejó que el sabor del sudor la penetrara y se perdió con su olor. Se abrazaron, se acariciaron y se amaron. Luego, las dos abrazadas, como si de una noche cualquiera se tratase, durmieron. Precioso cuadro el que dos bellos cuerpos dibujaban sobre el camastro al ras del suelo.

Clara jamás despertó. Lidia abrió los ojos agarrada al sueño de Clara, con el silencio clavado en su boca. El informe de la autopsia desveló que Clara murió desangrada. Tenía perforada la vagina, un tumor maligno había destrozado sus ovarios. El médico le dijo a Lidia que no podía entender cómo había sufrido en silencio tanto dolor.

El funeral como todos, quizá con menos asistentes, pero igual de triste. Lidia se quedó un rato mirando la tumba. Aún no podía creer que allí, debajo de tanta tierra estuviera aquella bella e inteligente joven que le daba sentido a su vida. La lloró, la acarició, la echo de menos y la vivió.

Hoy, que ya hace más de quince años que los gusanos pasean por los huesos de Clara, Lidia sigue visitándola. Todas las noches se sienta al lado de su tumba, y como si aún el sol las encontrase todas las mañanas abrazadas sobre el fondo azul que dibujaban las sábanas sobre el camastro, le cuenta cómo le ha ido el día. Hoy, como todos los días, rosas rojas adornan la mesa que dos amigas compartirán toda la vida.


Solo por esos momentos felices merece la pena vivir.

Creo que solo por esos momentos felices merece la pena vivir, tanto como aquellos momentos que jamás olvidaremos en el pasado, como aquellos que aun queda por venir, que como veréis con quince años, aun son muchos. Aun nos queda el baile de graduación con un vestido largo, el viaje de estudios en el que viajaremos esta semana santa con las personas que más quiero durante una semana; nos quedan millones de noches, millones de sonrisas. Aun quedan miles de besos y de caricias imposibles de adivinar. Quedan miles de canciones por escuchar y otras tantas miles por bailar, nos queda tanto que me pegaría media vida escribiéndolas mientras pasan. Nos quedan atardeceres, amaneceres. Nos quedan miles de te quiero, y cientos de te amo. Nos queda aun una vida por delante que no es poco! ¿yo? ¿estar mal por alguien? No, no... yo solo estaré mal por las personas que de verdad se lo merecen y se han preocupado por mi día a día. Siempre feliz, me encanta esta frase.

Adios guapita, duerme bien.

Todavía recuerdo como te despedías de mi por las noches con un "adiós guapita, duerme bien, un beso" y a cada beso que escribías y llegaba a mi pantalla del móvil sentía como corría por mis neuronas y se metía profundamente en mi cerebro, donde allí se convertía en algo más, y pasaba directamente a mi corazón en cuestiones de milisegundos. Recuerdos y más recuerdos de tus palabras, recuerdo que hacían frente contra todo lo malo que no rodeaba, contra todo lo malo que ocurría entre nosotros, bueno, jamás hice nada malo contra ti, quizás el que me hacías daño eras tú ilusionandome para nada. Quiero olvidarme de ti, esa es la unica verdad, no sabía lo que sentia(no lo sé) hasta que te das cuenta de qué estas haciendo todo el tiempo, ¿qué haces esperando a la nada? Pero entonces llegaba, y me tumbaba en la cama pensando en todos esos momentos y miles de dudas entraban y salían como relámpagos ami habitación. Atormentada como el alma del romántico que vive un amor apasionado e irracional, así, como los escritores que estamos dando en literatura del Romanticismo. Creo que la historia pasa, evoluciona pero esta parte se ha quedado estancadas en pequeñas personas, debo de decir que puede que una de esas sea yo, solo lo supongo.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Lo conseguirás.

Creo que si de verdad te propones algo, si haces todo lo que puedes hacer que este a tu alcance, lo conseguirás. Puede que no será de la manera ni de la forma que habías pensado, y la verdad es que quizás haya costado demasiadas lágrimas, gotas de sudor; demasiados momentos de pánico y otros tantos de nervio, pero que si de verdad haces todo lo posible lo conseguirás. Yo la verdad es que siempre he soñado mucho, no sé porque no puedo evitar el planear, me paso la mitad de parte del día planeando, hasta que entonces me encontré con un plan que no estaba fuera de mi alcance pero sabía que pocos lo conseguían  soñaba día y noche con ellos, me dí muchas veces por vencida, me animaron para que nunca jamás dejara de ir a por el, vi que así no iba a ninguna parte, cambie mi forma de hacer las cosas y parece que al fin las cosas dan su fruto. Sé que lo conseguiré sí o sí, haga lo que haga, porque si me piden que de la vuelta al mundo lo haré; porque sé que si me piden que de la vuelta a España andando sin dudarlo lo haría.

¿Y esos besos mojados en la arena?

¿Donde se habían quedado aquellos paseos por la playa de los que hablábamos?
Prometimos que ibamos a andar kilómetros y kilómetros por la arena mientras que el agua rozaba nuestra delicada piel y mis uñas rojas. Prometimos que por las mañanas nos bañaríamos a escondidas del mundo entre rocas gigantes, y que después de todo nos tumbaríamos sobre la blanca arena y nos miraríamos y besaríamos durante horas mientras que el sol caliente fuera tostando nuestra piel. Después nos comeríamos un bocadillo de calamares de esos que tanto te gustan y recogeríamos caracolas y conchas preciosas por la playa, yo te empujaría al agua, y entonces fingirías que te enfadabas y volverías corriendo a mi para cogerme y tirarme, y así caeríamos los dos al agua, y allí nos besaríamos como si de eso nos fuera la vida, nos besaríamos de todas las formas existentes, y entonces nos giraríamos hacia el horizonte y veríamos como poco a poco estaba anocheciendo sin darnos cuenta; como poco a poco el sol desaparecía, y solo quedabamos la playa, tú y yo.


jueves, 1 de noviembre de 2012

Mis mentiras ya no son creibles

No te voy a negar que no te echo de menos, que cada día me sigo acordando de esas tardes contigo, me sigo acordando del sabor de tus labios, de un par de caricias y de una mirada que cuando mas las necesitaba hay estaban, de esas conversaciones interminables, y hoy miro atrás y veo que ya no somos lo que un día fuimos, y es que aunque ahora somos como dos extraños yo nunca te olvidare. Pero llego el jodido invierno y ya no tengo tus abrazos, el calor que me dabas se a esfumado y ahora tan solo quedo yo y mi cama, no pretendo que con estos vuelvas, simplemente que te acuerdes de lo que vivimos como yo lo sigo haciendo a pesar de que no quiera.

Fin.

Ni amor, ni amistad, ni hola, ni adiós, ni nunca, ni siempre. Mi corazón ha llegado a un punto en el que no aguanta más. Está cansado, y con razón. Se acabó, nunca le he echo caso, y hoy va siendo hora, ya no quiere que estés en él, ya no te mereces estar ahí. Es mucho tiempo ya en la misma página, sin escribir nada, mi bolígrafo se secó y yo decidí pasar página. ¿Fácil? Ni un solo segundo, por eso mismo me voy a alejar de ti. Me voy a distanciar todo lo posible, voy a hablarte lo justo, voy a borrarte de mis pensamientos, y cada vez que mi corazón caiga y se acuerde de ti, cada vez que mi corazón llore tu ausencia y me haga saber que te echa de menos, cada vez que eso pase, lo ignoraré como tú hacías conmigo.Cada vez que llore, le daré más motivos para hacerlo en vez de secar sus lágrimas, como tú hacías. 
Ahora me toca dejar de hacerme la fuerte y empezar a hacerlo. No quiero saber nada de ti, no quiero saber que haces o dejas de hacer, no quiero que la gente me cuente tus cosas, no quiero saber a que hora te conectas y con quien hablas, no quiero saber nada que tenga que ver contigo, solo por el simple echo de que ya va siendo hora de dejar el dolor atrás, ya es hora de ser feliz, y luego no me vengas echándome nada en cara, porque estuve muchísimo tiempo a tu lado y no lo valoraste, adiós.